Un artículo, intencionalmente vinculado a la censura, establecida en el blog de pierrezugazua, veamos si mandan a callar a la historia, con su poesía clásica.
Poema XVI: pedicabo ego vos et irrumabo
Es bueno que un poeta prudente sea recatado, pero no es necesario que lo sean sus versos.
Catulo Poeta romano (87 a.C - 54 a.C)
Me resulta un signo de maestria poetica cuando un escritor inerva zonas bien disimiles de la vida y los sentires. Me gusta Catulo. Sus poemas a Clodia son de una belleza amorosa pocas veces alcanzada entre clasicos, aunque su empresa expresiva lo haya llevado a decir cosas sobre su amada tales como "ahora Lesbia va por los callejones de Roma cascándosela a los hijos de Remo". Lo cierto es que el hombre se la jugaba por la intensidad, sea heterosexual, homosexual (enamorado del Juvencio), sea desde el dolor, desde el deseo, o desde las cimas del encono.
Me gustan todos los "yoes poeticos" del romano.
Aca, en este Poema XVI, estamos en otra region bien alejada aquellas delicadezas y sutilezas emocionales tan amorosas con que nos hablara de su amada Clodia.
Si, estamos frente al poeta Catulo en una faceta priapica, iracundo, furioso y obsceno.
Un poema... fuerte. Catulo se ha enojado contra sus criticos... y cómo!!!! Sus amenazas involucran verbos latinos bien obscenos y directos. Ninguna polisemia. Esta bien claro que la ira del poeta contra Aurelio y Furio (para quienes no se ahorra insultos discriminadores) se encarna basicamente entre el verbo "pedicare" (traducido sin medias vueltas seria "darla por el culo") e "irrumare" (en este otro caso, alude a "darla por la boca" o tambien "chuparla" ), las dos amenazas que Príapo hacía a los ladrones en su caracter de custodio de jardines, huertas y viveros romanos.
Presentaremos, primero, el poema XVI original, en latin:
Pedicabo ego vos et irrumabo, Aureli pathice et cinaede Furi, qui me ex versiculis meis putastis, quod sunt molliculi, parum pudicum.
nam castum esse decet pium poetam ipsum, versiculos nihil necesse est; qui tunc denique habent salem ac leporem, si sunt molliculi ac parum pudici
et quod pruriat incitare possunt, non dico pueris, sed his pilosis, qui duros nequeunt movere lumbos.
vos, quod milia multa basiorum legistis, male me marem putatis? pedicabo ego vos et irrumabo.
Veamos ahora el intento de version pudica y prolija con que los traductores moralistas (o deberia decir "censores" ?) tradujeron distorsionadamente el poema, aunque en el ultimo verso parece que debieron darse por vencidos con el sentido tan explicito que Catulo da a sus palabras:
Sabed que ha de ser íntegro el poeta en su vida, mas no en su poesía, pues esta, al cabo, tiene ingenio y gracia por afeminada y descarada, y capaz de poner algo calientes no digo a niños sino a los peludos que no pueden mover sus duros lomos. Vosotros que leísteis tantos miles de besos ¿poco hombre me creéis? Os daré por el culo y por la boca.
Para finalizar, y como si la mismisima Baubo iluminara la traduccion, dejamos a la vista las "partes obscenas" que componen el autentico espiritu del poema:
Se la voy a meter por el culo y por la boca a ustedes, Aurelio comilón y Furio bailarina trola, que por mis versos me juzgan que tengo poca vergüenza, porque son afeminados.
Es que casto debe ser el poeta piadoso él mismo, en cambio para nada es necesario que lo sean sus versos que entonces tienen un poco de sal y gracia, si son sensuales y poco pudorosos,
y pueden así excitar lo que da prurito, no digo a los chicos sino a los "de pelo en pecho" que apenas pueden moverse con sus duros lomos.
¿Ustedes, porque muchos miles de besos leyeron, me consideran poco macho? A ustedes se la voy a meter por el culo y me la chuparan.
Hace varias semanas que no se sabe nada del paradero de la muerte. Algunos comentan que está de vacaciones, otros dicen que se cansó de la rutina y ha renunciado, mas hay quienes a afirman que fue echada del empleo puesto que hay fuentes que sostienen que la compañía no tenía recursos para cancelar las horas extras; quizá sólo fue por reducción de personal.
Los familiares no saben dónde se encuentra. Afirma su esposa que no ha regresado desde hace un par de semanas que salió a trabajar. Mientras que la madre le denuncia por no haberla llamado en su cumpleaños.
Tras una extensa búsqueda, esta noche hemos descubierto, con el corazón abatido, que ha muerto la muerte.
Aun no se sabe cómo, cuándo ni por qué, sólo se sabe que encontraron su cadáver reposando estoico a orillas de una playa, posiblemente expulsado por las olas luego de haber navegado durante algunos días muchos kilómetros, impulsado por las corrientes marinas.
Mundialmente se celebra el suceso, pues se cree que desde hoy está asegurada la eternidad de la humanidad ya que no hay quien venga por sus almas.
Muchos se preguntan ¿Quién ha venido de tan allá a buscar el alma del difunto? Pues quien sabe; tenía satisfacción en su rostro. Quizá con fatiga, sólo se fue andando o tal vez, sólo tal vez, por su aparente personalidad maligna, ha ingeniado un perfecto plan demoníaco, pues sin ella, pronto no cabremos en este mundo.
Sólo Dios sabe lo que nos depara el futuro.
Mientras tanto el noticiero pregona ante el mundo, este día de fiesta universal.
Sin embargo, el sabio, sereno, comenta a unos pocos que se acerca el fin, pues ahora sin la muerte, todos moriremos; y finaliza invitando a vestir de luto y ofrecer condolencias a su madre, su esposa e hijos; mientras Dios desesperado, busca en vano por el planeta un ser capaz de tomar el cargo sin mayores contratiempos.
Ojalá y no sea demasiado tarde, si no... ...QUE DESCANSEMOS EN PAZ.
En las muchas hojas del libro de matemáticas un Cociente se enamoró un día dolorosamente de una Incógnita.
La vio con su mirada innumerable y la vio desde el ápice a la base: Una figura impar; ojos de robot, boca de trapecio, cuerpo rectangular, senos esferoides.
Hizo de la suya una vida paralela a la de ella, hasta que se encontraron en el infinito.
"¿Quién eres tú?" -indagó ella con ansia radical. "Soy la suma de los cuadrados de los catetos. Pero puedes llamarme hipotenusa".
Y de hablar descubrieron que eran (lo que en aritmética corresponde a las almas hermanas) primos entre sí. Y así se amaron al cuadrado de la velocidad de la luz, en una sexta potencia trazando , al sabor del momento y de la pasión, rectas, curvas, círculos y líneas sinoidales en los jardines de la cuarta dimensión. Escandalizaron a los ortodoxos de las formas euclidianas y a los exegetas del Universo infinito. Rompieron convecciones newtonianas y pitagóricas.
Y en fin resolvieron casarse, constituir un hogar, más que un hogar, una perpendicular. Invitaron como padrinos al Polígono y a la Bisectriz.
E hicieron planos y ecuaciones y diagramas para el futuro soñando con una felicidad integral y diferencial. Y se casaron y tuvieron una secante y tres conos muy graciosillos. Y fueron felices hasta aquel día en que todo se vuelve al fin monotonía.
Fue entonces cuando surgió
El Máximo Común Divisor. Ofreciole, a ella, una grandeza absoluta y la redujo a un denominador común. Él, Cociente, percibió Que con ella no formaba un todo, una unidad. Era un triángulo, llamado amoroso. De ese problema él era una fracción la más ordinaria, Pero fue entonces cuando Einstein descubrió la Relatividad Y todo lo que era espurio pasó a ser moralidad Como en cualquier sociedad.
Con casto corazón, con ojos puros, te celebro, belleza, reteniendo la sangre para que surja y siga la línea, tu contorno, para que te acuestes en mi como en tierra de bosques o de espuma, en aroma terrestre o en música marina.
Bella desnuda, igual tus pies arqueados por un antiguo golpe de viento o del sonido que tus orejas, caracolas mínimas del espléndido mar.
Iguales son tus pechos de paralela plenitud, colmados por la luz de la vida. Iguales son volando tus párpados de trigo que descubren o cierran dos países profundos en tus ojos.
La línea que tu espalda se ha dividido en pálidas regiones se pierde y surge en dos tersas mitades de manzana, y sigue separando tu hermosura en dos columnas de oro quemado, de alabastro fino, a perderse en tus pies como en dos uvas, desde donde otra vez arde y se eleva el árbol doble de tu simetría, fuego florido, candelabro abierto, turgente fruta erguida sobre el pacto del mar y de la tierra.
Tu cuerpo, en qué materia, ágata, cuarzo, trigo, se plasmó, fue subiendo como el pan se levanta de la temperatura y señaló colinas plateadas, valles de un solo pétalo, dulzuras de profundo terciopelo, hasta quedar cuajada la fina y firme forma femenina?
No sólo es luz que cae sobre el mundo lo que alarga en tu cuerpo su nieve sofocada, sino que se desprende de ti la claridad como si fueras encendida por dentro.
Yo no tenía respuesta para tal pregunta ¿Qué es creer? ¿Es tratar de darle a la mente una razón obligada donde no hay razón alguna? ¿Es decir malcriadamente "esto es así porque yo lo digo" y ya? Pues no sé, no lo creo.
Y siguió con sus preguntas mirándome a los ojos - ¿usted cree?
¿Pero creer en qué? Me preguntaba yo. Hay tantas cosas inconclusas en el mundo y aun más en las mentes, que el creer se ha vuelto más que una opción, una necesidad. Una necesidad de razón irracional para dar respuestas concretas a preguntas abstractas.
Y seguía preguntándome sin quitar su mirada de mis pupilas - ¿usted cree?
No sabía que contestar, ni sabía el motivo de la pregunta pero ahí estaba al frente de mí en bandeja de plata, indiferente entre sus dos signos de interrogación.
¿Usted cree?
Y de nuevo en blanco me quedé frente a esas dos palabritas encerradas. Cada vez que las escuchaba se me morían algunas neuronas, tan necesarias para analizar respuestas. No sabía si llegarían a morirse todas, antes de poder llegar a un planteamiento consciente. Decidí por un momento dar la espalda y analizar un poco todo aquello.
Bondad, maldad, Dios, el hombre, vida, muerte.
A ver, la pregunta parece ser sencilla - me dije a mi mismo - Por ende, debe tener también una respuesta sencilla. Pero lo que no sabía yo, era que las respuestas sencillas dominan magistralmente el arte del camuflaje. Se ocultan muy bien en los recónditos parajes del cerebro y difícilmente llegas a encontrarlas.
- Me jodí - Dije sin esperanzas y solté un largo suspiro. De nuevo me di vuelta y volví a enfrentar a esos ojos inquisidores.
Dígame sinceramente ¿usted cree?
Las dos palabras taladraron directamente por mi frente y llegaron a mi cerebro, sin pasar por mis oídos. Cerré los ojos, tratando de contenerlas dentro del cráneo, para que no se escaparan, dejándome el vacío sin respuestas, pero se fugaron por la nariz robándose algunas neuronas, que tanta falta me hacían. Abrí celosamente un ojo esperando no ver lo inevitable, cuando nuevamente esos otros ojos dijeron: ¿Usted cree?
No aguanté un segundo más, me lavé la cara con jabón, me afeité y dejé de mirarme en el espejo. Me uní a la cena junto a mis compañeros y mi maestro.
Y me atiborré de pan y vino.
Al salir de allí me pregunté: ¿Qué demonios hago con treinta monedas?