Dilema infinito
Y sinceramente, ¿usted cree?
Yo no tenía respuesta para tal pregunta ¿Qué es creer? ¿Es tratar de darle a la mente una razón obligada donde no hay razón alguna? ¿Es decir malcriadamente "esto es así porque yo lo digo" y ya? Pues no sé, no lo creo.
Y siguió con sus preguntas mirándome a los ojos - ¿usted cree?
¿Pero creer en qué? Me preguntaba yo. Hay tantas cosas inconclusas en el mundo y aun más en las mentes, que el creer se ha vuelto más que una opción, una necesidad. Una necesidad de razón irracional para dar respuestas concretas a preguntas abstractas.
Y seguía preguntándome sin quitar su mirada de mis pupilas - ¿usted cree?
No sabía que contestar, ni sabía el motivo de la pregunta pero ahí estaba al frente de mí en bandeja de plata, indiferente entre sus dos signos de interrogación.
¿Usted cree?
Y de nuevo en blanco me quedé frente a esas dos palabritas encerradas. Cada vez que las escuchaba se me morían algunas neuronas, tan necesarias para analizar respuestas. No sabía si llegarían a morirse todas, antes de poder llegar a un planteamiento consciente. Decidí por un momento dar la espalda y analizar un poco todo aquello.
Bondad, maldad, Dios, el hombre, vida, muerte.
A ver, la pregunta parece ser sencilla - me dije a mi mismo - Por ende, debe tener también una respuesta sencilla. Pero lo que no sabía yo, era que las respuestas sencillas dominan magistralmente el arte del camuflaje. Se ocultan muy bien en los recónditos parajes del cerebro y difícilmente llegas a encontrarlas.
- Me jodí - Dije sin esperanzas y solté un largo suspiro. De nuevo me di vuelta y volví a enfrentar a esos ojos inquisidores.
Dígame sinceramente ¿usted cree?
Las dos palabras taladraron directamente por mi frente y llegaron a mi cerebro, sin pasar por mis oídos. Cerré los ojos, tratando de contenerlas dentro del cráneo, para que no se escaparan, dejándome el vacío sin respuestas, pero se fugaron por la nariz robándose algunas neuronas, que tanta falta me hacían. Abrí celosamente un ojo esperando no ver lo inevitable, cuando nuevamente esos otros ojos dijeron: ¿Usted cree?
No aguanté un segundo más, me lavé la cara con jabón, me afeité y dejé de mirarme en el espejo. Me uní a la cena junto a mis compañeros y mi maestro.
Y me atiborré de pan y vino.
Al salir de allí me pregunté: ¿Qué demonios hago con treinta monedas?









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honrarlavida dijo
Coincido con que el creer se ha vuelto una necesidad...
tener algo a que aferrarnos es necesario...
Considero que todos creemos en algo, tenemos confianza....
Cuando decimos "hasta mañana" estamos creyendo en que habrá
otro día...
Un beso
31 Octubre 2009 | 04:30 AM